Peruvian soft power

Más o menos por los mismos años en que Francis Fukuyama hablaba sobre el "fin de la historia", Joseph Nye, otro destacado politólogo norteamericano, acuñaba el término "soft power", que se ha traducido al español como "poder blando". Este concepto se plantea en oposición al "hard power" o "poder duro". Nye nos dice, en términos sencillos, que el poder es la capacidad de alterar el comportamiento o las acciones de otros para obtener lo que queremos. Este puede ser "duro"mediante la coerción ("garrotes") o incentivos ("zanahorias"), en referencia al poder militar y económico; o "blando"mediante la atracción. Concretamente, el poder blando de un país proviene de la cultura, de los valores y de sus política exterior. Si bien "poder duro" y "poder blando" son conceptos opuestos, no por ello son mutuamente excluyentes. Nye nos dice que, por el contrario, a un buen uso combinado de ambos podriamos llamarlo "smart power": se consigue muy poco únicamente mediante la fuerza (la incursión norteamericana en Irak o Vietnam es un buen ejemplo), así como los resultados no suelen ser palpables o reales solo mediante el uso de la atracción (como la gran atracción del american way of life en la juventud de países tan antinorteamericanos como la teocrática Irán).
Traigo esto a colación con motivo de la enésima derrota de la selección peruana de fútbol, esta vez frente a Chile. No es mi intención hacer un análisis futbolísitico, desde luego, sino dar una nueva perspectiva, que los lectores juzgarán si es acertada o no. Aunque suene trillado, los logros deportivos son, de alguna manera, una muestra de cómo anda un país. Generan una determinada imagen. Tenemos a la mano un ejemplo ya clásico: cuando ciertos grupos de izquierda buscan defender Cuba, ante los cuestionamientos por violación de DDHH o por su régimen político contestan: pero tienen el mejor sistema de salud y educación del continente, así como un elevado nivel deportivo. Algo de verdad hay en eso: Cuba, con el 10% de la población que tiene el Perú, obtiene en una sola cita olímpica más medallas que Perú y Ecuador juntos en toda su historia. Desde luego que estos logros no disculpan en nada la violación de libertades, pero no podemos negar que en algo le limpían la cara.
Nye escribe pensando en EE.UU. pero el concepto es aplicable, obviamente, a todos los países. Cada país busca crear una buena imagen ante sus semejantes, imagen que pueda generar admiración e incluso deseos de imitación. Una manera de hacerlo es mediante el deporte. Cuba lo hace jactándose de sus logros en salud, educación y deportes. Brasil, una potencia emergente, además de su poderío económico tiene un elemento que lo hace destacar mundialmente: su fútbol. Con Argentina sucede algo parecido (aunque mientras los logros brasileños en fútbol han sido casi constantes en los últimos años, en el caso argentino han sido más esporádicos). Un país puede ser pequeño y/o pobre, y tal vez podrá hacer poco por verse amenazante militar y económicamente, pero siempre contara con oportunidades básicas para destacarse. Una pregunta que siempre hago es: ¿cuántos supieron que había un país llamado Croacia antes del Mundial de Francia 98? ¿Cuántos al otro lado del océano se enteraron de la existencia de Paraguay ese mismo año (y en especial con aquel memorable partido ante el local y futuro campeón, Francia)?¿Cuántos más sabrán algo más de Ecuador desde su primera participación en el Mundial del 2002? Desde luego estoy pecando de reduccionista al referirme exclusivamente al fútbol, pero entendamos que es el deporte más popular y que el Mundial de Fútbol es el evento deportivo más visto en el planeta (más aún que los Juegos Olímpicos).
(Fuente: elmundo.es)El Perú está haciendo muy bien en la construcción de su poder blando mediante la difusión internacional de su cultura. Sus maravillas y su historia es cada vez más conocida internacionalmente. Sus destinos turísticos también. El chiste de que el TLC con Chile va a generar que ellos nos invadan con sus tiendas y bancos mientras nosotros lo haremos con el ceviche no tiene por qué ser cruel. Ellos tiene un gran poder duro (así como un poder blando interesante palpable en la mayor fortaleza de sus instituciones), nosotros estamos aprovechando nuestro poder blando. Pero podemos hacer más. Nuestros pocos éxitos deportivos (bastante individuales) y nuestros grandes fracasos deportivos (sobre todo en disciplinas en las que antes destacábamos-como el voley-o no pasábamos vergüenza-como el fútbol-) no solo nos da una imagen perdedora, sino que además nos muestra como incapaces de generar soluciones a estos problemas: sétimo mundial al que no vamos; dirigentes impresentables e improvisados; procesos inconclusos; pésimos mecanismos de elección de comando técnico; poco compromiso de los jugadores, etc.
Chile clasificó a Francia 1998 empatándonos en puntos pero superándonos en goles. Para la eliminatoria al Mundial del 2002 quedó vergonzosamente último. Para el 2006 mejoró y quedó sétimo, pero afuera. Entendió el mensaje y ahora tiene a un técnico capaz como Bielsa. No se le botó cuando aparecieron los malos resultados. Se le alabó cuando Chile le dio un baile a Argentina y hoy es serio candidato a clasificar. La historia de Ecuador también la conocemos. Y Paraguay viene trabajando seriamente hace más de una década (por ello Sudáfrica 2010 será su cuarto mundial consecutivo). ¿El Perú? Como dice Solano, debemos pensar no en el 2014, sino en el 2018.
PD. Para más información sobre el soft power y algunos mitos en torno a él puede verse aquí.





Esta obra está bajo una











1 comentarios:
Feliz 6 a 0, mañana.
Publicar un comentario en la entrada