Debate: despenalización de las relaciones sexuales consentidas con menores
El jueves 28 de junio el Ex Ministro Solari publicó el artículo Desintegrando la familia. Allí alega que uno de los soportes de la nación es la familia, y que la globalización, al atacar a una, ataca a la otra. Así, para él, leyes como las del proyecto atentan contra ambas. En sus términos:
La increíble ley que despenaliza las relaciones sexuales con menores de 14 a 18 años está emparentada con los proyectos de ley 637/2006 y 1422/2006. El primero excluye explícitamente a los padres de familia de las decisiones que sus menores hijos de 12 a 17 años tomen en relación a su salud en el área sexual y reproductiva; el segundo también, como se lee en su exposición de motivos. (...). Tres pájaros de un tiro: separación de los hijos de los padres, introducción de desconfianza de hijos hacia los padres y estrategia de mercadeo para expandir rápidamente un mercado de millones de dólares de cierto tipo de productos.
Creo que Solari está tratando de forzar la idea para que cuadre con su forma de pensar. ¿Por qué una ley va a separar a los padres de los hijos e introducir la desconfianza en estos últimos respecto de los primeros? Lo último, en clara alusión a la comercialización de métodos anticonceptivos, puede ser cierto, pero Solari sabe que por si solo ese argumento no basta. Por eso menciona lo de la "desconfianza" y la "separación" que esta ley generaría entre padres e hijos. Si se pretende cambiar la ley es porque se sabe que no es realista. Evidentemente los jóvenes ahora gozan de mayor autonomía y poder de decisión que antes, así que eso de "separar" no es tan cierto. Si es que hubiera una "separación" en el sentido en que lo usa Solari, esta ya existiría desde antes de que se planteara el proyecto. Por otro lado, lo de la desconfianza también me parece un recurso retórico. Si hubiera una desconfianza en la relación, esta no tendría su origen en la ley, sino en la misma actitud de los padres. No es la ley la que determina ni determinara la confianza o desconfianza entre padres e hijos, sino la actitud que los primeros tengan ante el despertar sexual de su prole. Si los padres condenan todo lo relacionado con la sexualidad, pues lo más probable será que los hijos, en pleno cambio hormonal, desconfíen de ellos y acudan a terceros.
Más adelante dice Solari:
Hay que recordarles a sus autores lo que dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos" (Art. 26.3); la Convención sobre los Derechos del Niño (ONU): "Los estados partes respetarán las responsabilidades, los derechos y los deberes de los padres......." (Art. 5); y nuestro Código Civil: "Por la patria potestad los padres tienen el deber y el derecho de cuidar de la persona y bienes de sus hijos menores" (Art. 418). También la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos consagra el derecho de los padres sobre la educación moral de sus hijos (Art. 12.4)
Estoy de acuerdo con lo que dicen dichas Declaraciones y Convenciones. Pero, al parecer, Solari no ha entendido o no ha querido entender a lo que apuntan: la educación. El despertar sexual es inevitable y las relaciones sexuales a temprana edad nunca han sido algo fuera de lo común. Sin embargo, poco se puede hacer frente al impulso más que educar. Esa es una premisa que viene desde los griegos. Si los padres temen el disfrute que puedan tener sus hijos, pues deben educarlos pero sin caer en el gran error en que caen las personas de sociedades conservadoras como la nuestra: satanizar todo lo relacionado con el sexo, el placer. Una persona bien educada y formada desde la infancia, tanto por padres como por maestros, será menos proclive a explorar su sexualidad de una manera desordenada (si es que hay algún criterio para establecer un orden en la sexualidad, creo que es algo bastante subjetivo). Nada de tabúes ni prejuicios morales o religiosos. Los prejuicios son eso, pre -juicios, ideas que preceden a un análisis, a un juicio analítico, a una reflexión. Creo que todos sabemos lo conservador y prejuicioso que es Solari.
El día viernes apareció también en El Comercio un artículo de Rafael Rey, quien no necesita mayor presentación. Se titulaba A cambiar lo malo de la realidad. Es más radical con su propuesta. Lo que más resalta en su texto es:
Entre esas edades los jóvenes no reflexionan respecto a las implicancias o consecuencias de tener relaciones sexuales. Un niño o una niña de 14 o 15 años no tiene la suficiente madurez para discernir lo que le conviene, y menos en una situación en la que ,por distintas razones, pueda estar influenciada por una persona mayor.
Las leyes deben tener un aspecto formativo y no se puede aceptar que un grupo de políticos, por más representativos que sean, atenten contra un derecho de los padres de familia.
Por tanto, no se trata de hablar de costumbres o de que "la realidad" exige. Aquí hay que distinguir: hablamos de lo que debe ser, porque la realidad es muchas veces distinta de lo que debería ser. La mayor parte de los peruanos y habitantes del mundo deseamos que las cosas sean como deben ser y que los políticos ayudemos en ese sentido. Tenemos el deber moral de cambiar lo malo de la realidad. No se puede permitir que una persona mayor tenga relaciones con una persona menor, porque esa menor, efectivamente, no tiene discernimiento...
La ley no puede facilitar que sinvergüenzas mayores de edad se aprovechen de los menores.
Vayamos por partes. La primera provocación de Rey viene al decir que alguien de 14 o 15 años sigue siendo un niño, lo cual es ciertamente falso. Hay algunas excepciones, pero lo normal es que a los 14 o 15 años uno ya no sea niño tanto por los cambios fisiológicos como por los que se dan en la psique. Le doy la razón a Rey cuando dice que a esa edad no se cuenta con la suficiente madurez para discernir lo que a uno le conviene, pero para eso están los padres y allí no tiene nada que ver una ley que viola la intimidad y libertad de cada ser humano. Además, el periodo de 14 a 18 años es uno de los más decisivos del ser humano, pues allí forma los cimientos de su futuro. Existe el riesgo del error, pero son incertidumbres que uno pasa. Rey dice que el "niño" puede estar influenciada por una persona mayor. Pues bien, a esa edad y en varios contextos se reproduce la misma situación: a esa edad se decide que futuro profesional tener, muchos se inician en una religión (como los católicos, que hacen su confirmación), etc. Todas estas son situaciones en las que se da el mismo hecho si aplicamos la lógica de Rey de que toda influencia en alguien inmaduro tiene efectos perniciosos. Entonces, deberíamos prohibir que a esa edad se trate de adoctrinar a los jóvenes en religiones como la católica, en especial por partes de grupos de línea tan dura como el Sodalicio de Vida Cristiana (quienes, por cierto, se encargaron de mi confirmación con sesiones que lindaban con el oscurantismo), pues existiría el riesgo de que se conviertan en fanáticos religiosos, integristas. Suena absurdo, ¿no?. Hay cotos de libertad que la ley debe respetar, y defender una ley abusiva como lo hace Rey es no respetar esos cotos. Sé de casos en que movimientos como el Sodalicio SI han alejado a los padres de sus hijos, violando allí si la patria potestad. Sin embargo, también sé que no son la mayoría de casos (pues ni a mi ni a nadie de mi promoción del colegio eso nos pasó) y por ello no se puede sacar una ley prohibiendolos. De la misma manera, porque en el universo de relaciones entre mayores y menores se dan unos pocos casos (comparado con todo el universo), no se puede violar la libertad de todos.
Por otro lado, tampoco se trata de hacer que la ley coincida con la realidad, sino de hacerlas realistas, que no es lo mismo. Yo no creo que las leyes DEBAN tener un aspecto formativo, sino que PUEDAN tenerlo. La realidad no puede cambiarse a partir de leyes, sino de prácticas, de institucionalizarlas y normalizarlas. Las costumbres no se cambian con leyes, sino con un trabajo diario y con educación. Nuestro régimen político es el mejor ejemplo: se ha tratado de reproducir el presidencialismo norteamericano, pero nuestros gobiernos fueron inestables durante todo el siglo XIX. Se introdujeron elementos parlamentaristas y del semipresidencialismo francés, pero la situación poco cambió. Las leyes estaban de espaldas a la realidad, no tenían en cuenta las actitudes. Cualquier otro intento seguirá siendo en vano, pues no son realistas.
Para terminar con Rey, afirma que cualquier mayor de edad es sinvergüenza si tiene relaciones sexuales con un menor. ¿Qué pasa entonces con las parejas en las que uno tiene 18 y el otro 17? El ministro parte de un profundo prejuicio, el de considerar que el sexo es sucio, que corrompe. Además, la edad cronológica no coincide siempre con la edad mental. Pueden haber personas de 15 años más maduras que otras de 20. El hecho de tener un día 17 y al otro 18 no le confiere al individuo discernimiento total en un lapso de 24 horas. Rey asume que hay un abuso, ignorando que la vida es mucho más compleja, para fortuna de unos y desgracia de otros. Ni el sexo ni el placer son malos, a menos que, como señalaban Aristóteles y los republicanos que creían en la virtud, se caiga en exceso.
Quien a mi parecer mejor ha resumido todo esto es Jorge Bruce en su artículo Sexo, complejidad y perplejidad. Dice casi al final de su argumentación:
No confundamos la violencia tanática con la urgencia erótica. Una ley abusiva no detendrá los abusos. Lo útil sería destinar recursos a capacitar adecuadamente a policías, fiscales y jueces. O hacer campañas de prevención contra la violencia sexual doméstica. O dar a los adolescentes los medios para vivir su sexualidad de manera responsable --comenzando por los límites y la capacidad de decir ¡no! cuando haga falta, pero sin silenciar la evidencia del placer-- y no culposa o persecutoria.
Más objetividad, y menos prejuicio.































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