domingo 18 de febrero de 2007

Los fundamentos retóricos de la libertad

Entrando a las páginas de organizaciones liberales que hay en América Latina uno se encuentra con verdaderos panfletos. Hay liberales que, contra el discurso científico que profesan o deberían profesar, son verdaderos cultores de la retórica, pero en el peor de sus sentidos. He aquí un ejemplo muy cercano que me llamó mucho la atención:
El autor de Los fundamentos filosóficos de la Libertad es Héctor Ñaupari. Como verán estoy tocando bastante el tema del Liberalismo, no porque sea un antiliberal (si tuviera veinte años más y fuera conocido tal vez www.liberalismo.org, otra web panfletaria, me pondría en su lista negra), sino porque creo que es necesario dejar en claro el doble discurso, la inconsistencia, la ignorancia (voluntaria y/o involuntaria) y la diatriba y poca tolerancia de los liberales latinoamericanos. Sigo creyendo que es por culpa de ellos y de su actitud (salvo muy pocas honrosas excepciones) que el Liberalismo goza de tan poco crédito en nuestro continente. Son necesarias nuevas prédicas liberales, más cercano, por ejemplo, al Liberalismo ético o moderno de Stuart Mill, Hobhouse o Green. Por el momento, me dedico a señalar los errores de Ñaupari, que más alla de describir cómo son los liberales, pareciera que estuviera señalando cómo deberían de ser.
Ñaupari empieza diciendo que los liberales no son dogmáticos ni extremistas. Si se refiere a los verdaderos liberales, desde el antiguo Locke (autor del Ensayo sobre la Tolerancia y Carta sobre la Tolerancia) hasta más actuales como Rawls o Sen, pues tiene toda la razón. La mayoría de intelectuales liberales no son ni dogmáticos ni extremistas, tratan de convencer mas no de imponer, y constantemente revisan su obra y la renuevan. No se creen superiores a los demás. El problema empieza con los propagandistas y técnicos, con los liberales no intelectuales, que no suelen ser (salvo excepciones) liberales en todo el sentido de la palabra, ya que usualmente priorizan un ámbito de la vida humana (usualmente el económico) por encima del resto. Ejemplos sobran en nuestro continente : acá en Perú Aldo Mariátegui, en otros lares, Montaner y Oppenheimer. Lo grave es que la gente suele pensar que el Liberalismo suele implicar lo que ellos piensan y representan, cuando en realidad el Liberalismo es mucho más profundo y humano. Qué mala propaganda le hacen.
Donde Ñaupari empieza a desvariar es al referirse a la izquierda, y he allí esa praxis que a mi parecer no es consecuente con la de un liberal. En vez de dar fundamentos filosóficos del Liberalismo y por qué deberíamos apoyarlo, trata de dar argumentos falaces de por qué no deberíamos optar por lo que el llama el "pensamiento único izquiedista".
Ñaupari comete el mismo error de Montaner, asumir que todo izquierdista es colectivista, cuando esto no es así. Pueda que en el pasado dicha asociación haya tenido un fuerte sustento en la realidad, pero hoy no. Del mismo modo, hablar de un "pensamiento único colectivista" demuestra un gran desconocimiento. De haber habido un pensamiento único, entonces la izquierda no se habría fraccionado en tantas tendecias: lassallesianos, anarquistas, marxistas, trotskistas, leninistas, estalinistas, maoístas, entre muchas otras más. Si con lo de pensamiento único se refiere a que cada una de estas tendencias trataba de imponer a la fuerza su doctrina, pues está cometiendo una falacia, pues dentro de cada partido izquierdista surgían disidentes y críticos a esta postura, lo cual sugiere que no todos actuaron de la misma manera. Ñaupari cree, falsamente, que porque unos actuaron autoritariamente, todos actuaron de la misma manera. De la misma forma, resalta de que los izquierdistas persiguieron salvajemente a los liberales, obviando (creo que intencionalmente, pues no creo que lo ignore) que durante muchas décadas la izquierda también fue perseguida en las democracias liberales.
Por otro lado, el autor mezcla intencionalmente tanto a izquierdistas moderados con radicales, y señala que todos son tercos, porfiados y asesinos, mencionando entre otros a Hitler, Stalin, Pol Pot y Abimael Guzmán. ¡Tamaña ignorancia! o información tremendamente malintencionada. ¿Hitler un izquierdista? ¿Alguien que se unió al gran capital alemán industrial de la época? Stalin, Pol Pot y Mao Tse Tung corresponden en líneas generales a esa variante llamada leninismo(- estalinismo). Abimael Guzmán indirectamente también, ya que es seguidor de Mao. No siguieron ese camino otros, aunque algunos de ellos derivaron en guerrillas (aunque estas tienen una naturaleza distinta a la totalitaria). Obvia Ñaupari a los socialistas europeos, a los socialdemócratas nórdicos que hace más de cincuenta años sostienen el bienestar de los países más civilizados del planeta; a los comunistas italianos que renunciaron a la acción armada y levantaron con otras fuerzas a la Italia post-Mussolini; a los socialdemócratas alemanes que reconstruyeron Alemania post-Hitler, etc. Y claro, también obvia a los miles y millones de muertos que dejó la Revolución Industrial y sobretodo, la Primera Guerra Mundial, entre otras guerras, en nombre de la expansión económica (aunque no debe tampoco dejarse de lado el nacionalismo).
Ñaupari reniega de que los izquierdistas/colectivistas sean siempre mayoría y que califiquen a los liberales de dogmáticos o pensamiento único. Sin embargo, el Liberalismo actual lamentablemente nos muestra eso. Son críticas que no vienen solo de la izquierda, o de los colectivistas, sino de varios frentes, y no porque estén en contra de la Libertad, sino porque los liberales actuales preconizan solo a Mises, Hayek y Friedman, solo al lado económico, a los que ayudan a un Chile dictatorial a tener libre mercado (pero no libre pensamiento), a los que elogian el crecimiento de China pero no mencionan en ningún momento la acumulación primaria que se da allí por las pésimas condiciones de trabajo y la falta de libertad política. Son dogmáticos porque no existe debate de nuevas ideas, y porque lo nuevo y lo crítico lo rechazan con falacias ad hominem como: El colectivista es intransigente, porfiado, obstinado, terco, jamás da su brazo a torcer (Ñaupari dixit).
El autor prosigue con una serie de ideas que poco tienen de filosófico, y más bien son las que siempre repiten los liberales actuales: que el interés social lo define la libertad de cada uno y no una sola persona (cuando en concreto es definida por los representantes que elegimos), que no se puede combinar liberalismo y socialismo porque este último está manchado de sangre (igual que el primero, además que dentro de lo que llama "socialismo" hay una diversidad de corrientes), endiosar el libre mercado sin casi hablar de otro tipo de libertades, etc. Pero lo que me llamó mucho la atención fue la frase con la que acaba: el mensaje del liberalismo: sean libres, y hallarán siempre la verdad. Me hizo recordar a Hannah Arendt y su libro La condición humana: según Arendt el gran problema de la filosofía y de la teoría política occidental ha sido creer que existe una Verdad transcendente, a la cual se llega de una u otra manera, según cada modo de pensamiento. Para los liberales sería la razón y la libertad. Arendt se opone a esta visión, que tiene su origen en Platón (el mito de la caverna, el filósofo que se libera de lo sensible para llegar a la verdad) y afirma que no hay una verdad, sino varios sentidos, determinados por la pluralidad y la libertad de los individuos que se encuentran en la esfera pública de la política. Al parecer eso es lo que no tienen en cuenta los liberales. Arendt diría que buscan una verdad para encontrar estabilidad, seguridad, pero ella sostiene que la libertad está íntimamente ligada a otro factor propio del género humano: la contingencia.

sábado 17 de febrero de 2007

Diez razones ¿para apoyar a Israel?

Navegando en la web encontré un artículo de Carlos Alberto Montaner de julio del año pasado, en pleno ¿conflicto o invasión? protagonizado por Israel y Líbano. Montaner da diez razones, muy sosas a mi parecer, y desde su perspectiva liberal occidental para apoyar a Israel. Ya que el tema nunca pierde actualidad (en estos días Rice está en Medio Oriente para una conferencia tripartita entre Israel, el Gobierno Palestino-ya que como Estado no existe- y EEUU ) me permito responderle brevemente (lo azul es mi respuesta):
http://www.firmaspress.com/675.htm


Primero. Porque Israel es la clarísima víctima de una nueva agresión y lo moral es respaldar a las víctimas. Israel abandonó Gaza, y Hamas secuestró a uno de sus soldados y lanzó sus ataques con rockets. Poco después, una lluvia de cohetes de corto y medio alcance lanzada desde el sur del Líbano por los terroristas de Hezbolá cayó sobre el país, provocando bajas en la población civil. Varios militares resultaron asesinados. Israel no está atacando: se está defendiendo. Tiene el derecho y el deber de hacerlo. Está bien, debemos solidarizarnos con las víctimas, sean o no del lado justo. Pero resulta que Israel no es la víctima. Si mal no recuerdo todo empezó, como casi siempre, con ataques del Ejército israelí a población civil. De todos modos, en una zona tan convulsionada y con ese historial, cualquier hecho es pretexto para las agresiones.

Segundo. Porque si Israel no se defiende y no consigue proteger a sus ciudadanos, se repetirá la masacre de judíos que ya el mundo contempló (con bastante indiferencia) durante el nazismo. ¿Duda alguien cuál sería el comportamiento de un gobierno palestino integrado por Hamas y Hezbolá que consiguiera derrotar al ejército israelí y dominar el territorio? La amenaza de arrojar a los judíos al mar no es una metáfora, sino una ominosa promesa mil veces reiterada por los islamistas más radicales. Ya existe una crisis humanitaria y de refugiados en Medio Oriente, es la que tiene como protagonista al pueblo palestino, que vive en la miseria, separados por un muro vergonzoso (e ilegal según la Corte de La Haya). Lo más indignante es que el verdugo no es un Estado totalitario o dictatorial, sino uno que se precia de ser democrático. Todos piensan en una nueva shoa que es hipotética, pero pocos reparan en una que tiene lugar hace más de 40 años. Israel por lo menos tiene ciudadanos con una relativa prosperidad. En los territorios ocupados la ciudadanía no es más que un sueño. El bienestar, un imposible.

Tercero. Porque derrotar y desarmar a Hezbolá le confiere al Líbano la oportunidad de existir como una sociedad próspera, pacífica y libre. Hezbolá, con su agresiva milicia armada por sirios e iraníes (más poderosa que el ejército libanés), no sólo intenta destruir a Israel: ya ha destrozado al Líbano precipitándolo a una guerra que la mayor parte de los libaneses no deseaba. Es cierto, Hezbolá es un impedimento para la pacificación y prosperidad de Líbano, pero ¿alguien recuerda cuándo y cómo se formó? Si la mente nos lleva a 1982 no nos equivocamos. Hezbolá no nació de la nada, fue una respuesta islamista y nacionalista a la invasión israelí. Esa fue y es su razón de ser. Con violencia no se acabará el problema. Hay que solucionarlo de raíz, y eso no implica una nueva invasión.
Cuarto. Porque Israel es la única democracia plural y respetuosa de los derechos humanos que existe en el Medio Oriente. La única, por cierto, en la que los árabes, incluso los que detestan al Estado judío, votan libremente y forman parte del parlamento. La única en la que las mujeres de religión islámica estudian sin limitaciones, gozan de los mismos derechos de los hombres y no son tratadas como seres de segunda clase. Bueno, creo que a Montaner le haría muy bien leer las decenas de libros que existen sobre el tema, empezando por Ilan Pape y terminando por el padre de su amigo Álvaro, Mario Vargas Llosa (Israel-Palestina, paz o guerra santa). ¿Democracia plural? El sólo hecho de considerarse Estado judío lo contradice, indicando que es exclusivo de quienes gozan de esa condición. Italia no es un Estado católico, como tampoco Inglaterra un Estado protestante. ¿Respetuosa de los derechos humanos? Tal vez con los israelies, porque ello no pasa con los que se ven separados de sus terrenos por un muro de concreto, con los que pierden sus casas al ser demolidas, con quienes son insultados, apedreados, atacados, etc. Por cierto, tanto mujeres como hombres de origen árabe deben pasar por humillantes controles en los pocos accesos que da el muro (esperando horas), y tienen leyes especiales, no hay por tanto igualdad ante la ley, ni ciudadanía ni Estado de Derecho. En Sudáfrica hubo algo parecido: se le llamó Apartheid. Pero Israel, claro, es otra cosa para el señor Montaner. Es una democracia plural y respetuosa de los derechos humanos solo porque hace más de sesenta años un desquiciado quiso eliminarlos. Vaya liberalismo.

Quinto. Porque la única solución a ese conflicto depende de la convivencia pacífica entre Israel y un mundo islámico que, finalmente, como sucedió con Egipto y Jordania, admita el derecho de ese Estado a existir, y parece que ello no va a ocurrir hasta que se abra paso la convicción de que no es posible destruir al Estado judío, algo que resulta mucho más claro si los enemigos de Israel perciben que el mundo libre respalda su integridad sin vacilaciones. En parte es cierto, pero también depende mucho de la voluntad que tenga Israel de negociar. Tiene la sartén por el mango: tiene recursos, un gran ejército, una gran inteligencia, el apoyo de EEUU (aunque difícilmente del resto del mundo), los territorios, etc. La violencia viene de ambos lados, y ambos deben ceder.


Sexto. Porque detrás de Hamas y Hezbolá están las satrapías siria e iraní, dos regímenes enemigos de Occidente que divergen en el terreno religioso --Siria es una dictadura laica e Irán una dictadura religiosa--, pero que convergen en el odio irracional a las democracias liberales. Pero ignora (u olvida) que Hamas y Hezbolá son dos grupos con bastante aceptación, no porque maten isralies, sino porque han establecido grandes redes de asistencia social, salud, educación, otorgan algo de seguridad. El Estado palestino es corrupto y se encuentra muy golpeado por Israel. La potencia colonizadora, a su vez, mantiene en la miseria las zonas ocupadas, con lo que indirectamente da legitimidad a estas agrupaciones.

Séptimo. Porque el éxito económico, político, científico y social de Israel tiene el potencial de convertirse en un modelo para la región. Los más sensatos árabes de Gaza o de la Autoridad Palestina, cuando contrastan la vida miserable que les imponen los matones de Al Fatah, Hamas o Hezbolá con el muy superior estilo de vida de sus hermanos palestino-israelíes, inevitablemente llegan a la conclusión de que la libertad y la racionalidad rinden dividendos. Hace más de veinte años que podría ser el modelo, pero no lo consigue por una cuestión muy simple: carece de lo que Joseph Nye llama poder blando. Esto quiere decir que no tiene capacidad de influencia, de expandir y difundir sus valores, no porque sean culturas opuestas y excluyentes, sino porque a nadie le gusta adoptar los valores impuestos con el fusil.

Octavo. Porque a todo el planeta le conviene eliminar a unos terroristas capaces de provocar una escalada del conflicto que puede derivar hacia una guerra devastadora. Irán está en camino de convertirse en un Estado nuclear, y su presidente, Mahmud Ahamadineyad, ha reiterado que el Estado hebreo debe desaparecer. Nadie duda de que, si lo intentara, Israel respondería en el mismo terreno y el resultado sería una catástrofe para la región y para el mundo. Bueno, hace años que Israel posee armamento nuclear, pero no le dicen nada. La solución no está en la guerra, sino en eliminar o contrarrestar las causas de todo esto, entre ellas, y la más importante, la cuestión palestina.

Noveno. Porque lo que anima a los aventureros a atacar a Israel es el doble lenguaje de los países de Occidente, la indiferencia y la falsa equivalencia, como si las acciones de unos terroristas desalmados que auspician a suicidas-asesinos para que vuelen autobuses escolares o disparan cohetes contra viviendas de civiles tuvieran la misma legitimidad que la respuesta de una sociedad que se defiende de esas agresiones. Lo que tenemos acá es un conflicto entre un Estado desarrollado y grupos terroristas que luchan por una causa, aunque sus métodos sean condenables. En cualquier otra situación la ONU ya habría intervenido directamente, pero no lo hace por tratarse de Israel, ya que si se hace algo en su contra se levantará el grito de ¡antisemita! Como afirma Alain Gresh, las víctimas de ayer fácilmente pueden, por desgracia, transformarse en los verdugos de hoy ( Israel, Palestina-Verdades sobre un conflicto). También nos recuerda, citando a la Biblia, que Dios está siempre del lado del perseguido.

Décimo. Porque aquella lección de historia que nos explicaba que los fundamentos morales de la civilización occidental se encontraban en la tradición judeocristiana era cierta. En Occidente, Israel somos todos. Y si algún día Israel perece, será un poco la muerte de todos nosotros. Es cierto pero los occidentales somos mezquinos y no reconocemos la importancia de la tradición árabe-musulmana en nuestra civilización. Durante el milenio en que la religión se impuso a la razón fueron los musulmanes quienes hicieron grandes progresos en matemática, álgebra, astronomía, arquitectura, arte, literatura, etc. Fueron ellos quienes nos enriquecieron con su comercio hacia el Oriente. Y en especial para quienes hablamos español, fueron quienes embellecieron aún más nuestro idioma con palabras como alhelí, alhaja u ojalá.

Vargas Llosa, Montaner y los verdes

En sendos artículos, Vargas Llosa (Álvaro) y luego Carlos Alberto Montaner tocaron el tema del cambio climático, a raíz de las conclusiones a las que llegó en los últimos días el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático Global de las Naciones Unidas. Sus impresiones acerca de lo que viene pasando dan mucho para la reflexión:
http://www.firmaspress.com/746.htm (Carlos Alberto Montaner)

Álvaro Vargas Llosa habla sobre la mala conciencia en Occidente y cómo la reducción en la emisión de gases podría desencadenar graves catástrofes económicas, en especial para los más pobres, en cuyo nombre se aplicaría este tipo de políticas. Afirma que el "efecto invernadero" no sería tan severo como se cree y que de elegir entre proteger el medio ambiente sacrificando el desarrollo económico o continuar con el desarrollo dando poca importancia al tema ambiental, deberíamos optar por lo segundo. Me permito discrepar con su apreciación por algunas razones:

  • No creo que desarrollo económico y cuidado medio ambiental sean mutuamente excluyentes. Antes se alegaba que el crecimiento económico y los beneficios sociales, o la libertad política (hasta ahora hay quienes lo predican) no eran compatibles con procesos de crecimiento económico acelerado. Amartya Sen se ha encargado de desmitificar eso. Ahora quieren hacernos creer que debemos elegir entre bienestar económico o el medio ambiente. ¿Queremos acaso un mundo como Europa, muy desarrollado pero donde llueve agua con ácido y sin bosques? El desarrollo implica también un lugar saludable donde vivir, no sólo tener la capacidad de gastar. Es un reto no sólo crecer, sino desarrollarse con un manejo medio ambiental adecuado, un reto que debemos asumir.
  • Cuestiona las investigaciones que dan como resultado la alerta sobre el calentamiento global, basándose sobretodo en el hecho de que décadas antes se hicieron otras investigaciones, en las que se sostenía que el petróleo se acabaría o en que la temperatura global disminuiría. Ello no ocurrió, y pudieron haberse equivocado, pero debe entenderse que la ciencia ha progresado y las incertidumbres van reduciéndose.
  • No es tan cierto, como dice Vargas Llosa, que las investigaciones siguen en pañales. La primera vez que oí las palabras "calentamiento global" y "efecto invernadero" fue cuando tenía diez años, y los estudios para ese entonces ya tenían algunos años. Hace más de quince años que se viene tocando el tema. No sé que tan "en pañales" puede ser eso.
  • En el caso de que estas investigaciones sean erradas y el aumento de la temperatura global sea un proceso natural (ya que el incremento per se es indiscutible) pues deberíamos alegrarnos. Pero esto no nos puede llevar a negar que hay un serio problema ambiental en el planeta, más allá de si hay o no un calentamiento global.

De esto último quiero sacar algunas ideas. Con o sin efecto invernadero (personalmente creo que sí existe), el problema de la contaminación ambiental es grave. No se puede negar la presencia de microclimas en las ciudades con grandes emisiones de gases ( CO, CO2, SO2, etc.), alteraciones climáticas en los alrededores de grandes represas, las enfermedades respiratorias (alergias, asma, metales pesados en la sangre, etc.) en zonas urbanas, el deshielo de glaciares (que sólo en los Andes pueden producir grandes sequías en pocos años) la cada vez mayor presencia de cáncer de piel por una cada vez más débil capa de ozono, etc. A esto quisiera agregar lo que mencioné anteriormente, que tenemos como reto desarrollarnos respetando al planeta. La humanidad ha avanzado porque supo vencer los retos que ella misma se puso. Entonces, ¿por qué no dedicar parte significativa de nuestras fuerzas en buscar alternativas más saludables? El Liberalismo ha traído progreso por el mismo hecho de propiciar la creatividad, la iniciativa. Entonces, ¿por qué oponerse a la búsqueda de nuevas fuentes? Tampoco dejemos desprotegidos a quienes podrían verse afectados (como los mexicanos en el ejemplo de Vargas Llosa), pero para eso somos libres, algo que al parecer muchos liberales olvidan. ¿Para qué crecer como crecemos ahora si podríamos crecer mejor?

Carlos Alberto Montaner fue más allá, al trasfondo que habría en el debate sobre el calentamiento global. Dice que existe tras todo esto un combate ideológico y moral entre izquierda y derecha, entre colectivistas (que no aceptarían el triste destino de su derrota post-Muro de Berlín) e individualistas. Él se ubica en el segundo grupo.

Montaner dice que los individualistas, los liberales como él están más preocupados por los hombres de carne y hueso, los de ahora, que por la Humanidad, por los hombres que vendrán en el futuro, algo que sería característico de la izquierda. Creo que eso es falso. Es una idea muy difundida, y he allí una de las razones por las cuales el Liberalismo no tiene muchas veces simpatía de parte de la gente. No todos los "verdes" son colectivistas o izquierdistas, como él sostiene. No es una cuestión a priori , no se trata de que los liberales sean por naturaleza contrarios a los verdes, como tampoco es que todos los liberales sean individualistas ( el individualismo tiene una diferencia de grado con el Liberalismo, aunque sutil). Tampoco puede decirse que todos los izquierdistas sean colectivistas. Montaner tiene una seria deficiencia al momento de usar y definir categorías, y lo más peligroso es que es un periodista con cierta influencia, sobretodo en el continente americano.

Hace 200 años Tocqueville escribía La democracia en América. Era un liberal, pero no un individualista. Le preocupaba como el individualismo y la atomización podían generar un despotismo blando. Más tarde, ya en el siglo XX el filósofo Charles Taylor recuperó esta idea, señalando que el individualismo, junto con la razón instrumental, eran malestares de nuestra época. Con todo esto quiero llegar a que "verdes" pueden haber tanto liberales como izquierdistas, sean o no colectivistas. Lo que sí es difícil, casi imposible, es que encontremos individualistas en este grupo, como Montaner. Personas como él no le hacen mucho bien al Liberalismo. No se trata de ser o no liberal, sino de tener o no empatía, capacidad de ponernos en el lugar ajeno, o la philía política de la que habla Aristóteles, tener un proyecto común de vida. Esto es algo no reñido con el Liberalismo, pero si con el individualismo.

Montaner pide coherencia moral a los verdes, que asocia directamente con colectivistas (lo cual, como ya dije, no siempre es cierto). No se puede negar que hay mucho que no son coherentes, pero creo que también sería adecuado pedir coherencia moral a los que se llaman liberales pero que al parecer serían individualistas. Llama mucho la atención que los liberales latinoamericanos hablen casi siempre del crecimiento de China gracias a su apertura comercial, pero casi nunca de su sistema político en donde no hay libertad más allá que la económica. Del mismo modo hablan del desarrollo de Corea del Sur sin decir que fue con gran intervención estatal, o de Chile, callando la barbarie pinochetista. Siempre hablan de libertad económica, pero casi nunca de las demás (a menos que se trate de Cuba). Liberales así le hacen daño al Liberalismo; liberales que citan constantemente a Friedman, Hayek y al Smith económico, pero nunca a Rawls, Tocqueville y al Adam Smith político.

sábado 3 de febrero de 2007

La engreidísima Martha Hildebrandt

Vi a Martha Hildebrandt en dos programas de dos canales distintos de señal abierta, a raíz de su propuesta para que se pague por la educación superior pública. Me llamó mucho la atención la defensa que hacía de su proyecto, exageradamente poco seria para venir de alguien que se precia de ser intelectual.
Ante preguntas como cuánto dinero podrían recibir las universidades por cobrar a sus alumnos, si se cobraría la mitad de lo que los alumnos pagaban en sus colegios o si se establecerían escalas, si la medida se adoptaría sólo en la UNI, San Marcos y Agraria o en qué se utilizaría el dinero, la congresista respondía que no sabía, que no era de su competencia, que no era su trabajo de legisladora, o simplemente, "no sé" -respuestas memorables a las imitaciones de la joven Luciana León (ni ella, muy empeñosa, contestaría de esta manera). Más allá de esto, resulta verdaderamente preocupante que uno de los parlamentarios "más cultos" responda de esta manera. Si una de las personalidades más destacadas del hemiciclo se comporta así, ¿qué podemos esperar de los demás?
Pareciera que la señora Hildebrandt tuviera esa actitud de simplemente "querer cumplir" o lanzar alguna idea suelta sin mayor respaldo. Personalmente, me pareció ofensiva su actitud, de no profundizar, de no indagar más, de no buscar desarrollar una idea, de quererse quedar en lo que se le vino a la cabeza. Una actitud poco ejemplificadora para los demás congresistas y en general para toda la ciudadanía. Ese es el trabajo que ella ofrece a cambio del jugoso sueldo que recibe de todos nosotros (sueldo que como vimos el año pasado, defiende con uñas y dientes). A esto habría que sumar lo que le respondía a Rosa María Palacios cada vez que la conductora preguntaba por tal o cual punto específico: "entonces lo retiro", fundamentando su respuesta en la idea de que en el Perú buscamos lo negativo y siempre nos vamos a lo específico, y no nos centramos en lo general, en lo principal. Creo que a veces ello es cierto, pero de ninguna manera disculpa una respuesta como la que daba la legisladora. Engreimiento, soberbia o poca tolerancia a las críticas.
No simpatizo con la congresista Hildebrandt. No me gusta su soberbia y a veces prepotencia (como cuando se oponía a que le rebajaran el sueldo). También discrepo en muchas ocasiones con ella cuando critica la mala expresión de alguien, pero reconozco su erudición, inteligencia y su capacidad para decir las cosas claras (algo que muy pocos hacen). Sin embargo, actitudes como esta última que ha tomado solo hace que instituciones como el Congreso y la clase política se desprestigien. Un gran Congreso no lo forman grandes cerebros, sino grandes seres humanos.

viernes 2 de febrero de 2007

La gratuidad de la educación superior

Hace algún tiempo leí en El Dominical un artículo de Pablo Quintanilla (filósofo) respecto a la crisis de la educación universitaria en el Perú, en especial la pública. Entre otras cosas, proponía que solamente quienes no pudieran pagar la universidad tuvieran el derecho a la gratuidad de la educación, que los demás pagaran. En estos días, el tema ha vuelto a salir a la luz con la propuesta de Martha Hildebrandt.
La idea en sí no es descabellada (más bien, es muy sensata) y ha generado pocas reacciones en contra, entre las cuales la que más llamó mi atención fue la de César Hildebrandt. Sin embargo, más que un ataque a la idea en si misma, parece un ataque a la media hermana: http://www.ednoperu.com/noticia.php?IDnoticia=38186
Veamos. Las universidades nacionales se sostienen con el presupuesto que les da el Estado, que a su vez se sustenta en los impuestos que todos pagamos. Puesto que casi la mitad del país está en la pobreza, son ellos quienes en términos absolutos aportan y quienes menos reciben (no solo en educación, sino también en otros servicios). Ahora bien, quienes acceden a las universidades públicas, como bien decía Quintanilla en su artículo, son en gran parte gente de clase media, que muchas veces tiene la oportunidad de pagar un colegio particular (no necesariamente caro). Por lo tanto, se da la paradoja de que son los pobres los que subsidian la educación de la clase media.
No se trata de cobrarle a todo el mundo, sino que quienes están en la capacidad de pagar aunque sea mínimamente por el servicio que se les da lo hagan. La economía de las universidades públicas se vería afectada para bien. Algunos argumentan con casos como Francia, donde sólo se paga la matrícula en las universidades públicas, olvidando dos cosas. Primero, que el monto de las matrículas es muchísimo más alto de lo que se paga acá. Segundo, que la presión tributaria es tan fuerte en algunos países europeos que alcanza el 40% de los ingresos, pero ofreciendo el Estado a cambio excelentes servicios educativos, de salud, etc.
Es falso, como señala César Hildebrandt, que "el dinero siga siendo, también en la educación superior, la barrera infranqueable de la legítima ambición". Quienes puedan pagar, lo harán; quienes no, podrán estudiar gratis. No es algo de otro mundo, en las universidades privadas se aplican mecanismos para que esto funciones así. Es más bien injusto que jóvenes que luchan arduamente para lograr una plaza reciban después una educación que deja que desear. No es ninguna novedad que los examenes de admisión a las universidades nacionales son difíciles, pero que posteriormente la educación en ellas no es la adecuada. A esto habría que sumarle la poca inversión en investigación. Junto con este proyecto, se hace necesaria una reforma integral de todo el sistema. Se abren universidades a diestra y siniestra (como por ejemplo las filiales de San Marcos) con poca seriedad. Más bien hace falta institutos superiores nacionales de calidad; e impulsar las carreras técnicas, poco prestigiosas en nuestro país, a diferencia de lo que pasa en otras latitudes. Como dice Gastón Acurio, todas las escuelas de cocina forman chefs, pero casi ninguna cocineros.